por José Briz

En España, ya se sabe, siempre resulta arriesgado tener iniciativas, aun repletas de buenas intenciones. Bien lo sabíamos, y por ello la total discreción que se impuso, sin fisuras, hasta que la Asociación de Amigos de la Filmoteca Española fue un hecho, inscrita en el correspondiente Registro Público del ministerio del Interior a finales del mes de marzo de 1999. La aventura comenzaría apenas unos meses antes cuando un pequeño grupo de amantes del cine, esos que se conocen, con diversa cuando no opuesta intención, como cinéfilos, naturalmente asiduos y buenos conocedores de la Filmoteca Española, deciden sumarse a esas meritorias Asociaciones de Amigos que dentro y fuera de España (como es el caso, por ejemplo, del Prado o del Reina Sofía) apoyan y cooperan con instituciones culturales de gran prestigio e importancia, tal como consta, refiriéndonos al caso de la Filmoteca Española, en el Artículo 2º de sus Estatutos. Pero, para la pequeña historia de la Asociación, digamos que los fundadores fueron seis (José Briz, Pedro Joaquín del Rey, Carlos Molinero, José Sánchez Villoria, Luis Mansera y Ángel Rodríguez Gervás), los mismos que firmaron el correspondiente acta a las 21:30 horas del día 20 de febrero de 1999. Así nacería, en tiempos finiseculares, la Asociación de Amigos de la Filmoteca Española. No puede afirmarse, a fuer de ser sincero, que la Asociación fuera acogida jubilarmente. Los riesgos de naufragar entre la incredulidad, el escepticismo, cuando no la suspicacia de unos y otros, se hacen evidentes. Sin embargo, la cordial bienvenida de la Filmoteca y el explícito apoyo del entonces Director General del ICAA, José María Otero, facilitan la presencia de la Asociación. Y en aquella primerísima hora se incorporan Julián Franco Lorenzana y Antonio Castro, hoy ambos con responsabilidades directivas, o Javier Aguirre y Esperanza Roy. Y suma y sigue.

Presidida la primera Junta Directiva por José Briz, se presenta públicamente la Asociación con una sesión, en el Cine Doré, en la que se proyecta El techo, la extraordinaria película de Vittorio de Sica, filme crepuscular del neorrealismo. Este primer acto se celebra, significativamente, en lo que se considera el ámbito natural de la Asociación, los locales de la Filmoteca Española. Pronto seguiría, en aplicación del Artículo 21º de los Estatutos, el nombramiento de los primeros Socios de Honor, distinción que se otorga a Florentino Soria y Juan Mariné, los dos incorporados a la Asociación desde entonces. Florentino Soria, uno de los primeros titulados en Dirección por la mítica Escuela Oficial de Cinematografía, de la que sería profesor de Guión, incorporado a la Filmoteca desde los difíciles y precarios tiempos iniciales de Carlos Fernández Cuenca, la dirigió luego durante muchos años. La presencia de este maestro de cineastas en todas nuestras actividades es constante. En cuanto a Juan Mariné, uno de los grandes directores de fotografía del cine español (es el autor de la fotografía, por citar sólo una de sus grandes obras, de La gata, la primera película española en cinemascope) es además el pionero de la restauración de películas en nuestro país. Su labor en la defensa y recuperación de nuestro patrimonio cinematográfico es extraordinaria.

En el año de 1955, en el transcurso de las Conversaciones de Salamanca, un joven cineasta, Juan Antonio Bardem, afirmaría con rotundidad: “El cine español es políticamente ineficaz, socialmente falso, intelectualmente ínfimo, estéticamente nulo e industrialmente raquítico”, diagnóstico que, por desgracia, continúa hoy vigente. Pues bien, de Juan Antonio Bardem, el autor de obras fundamentales de nuestro cine, como Muerte de un ciclista, Calle Mayor o Nunca pasa nada, jamás se programó un ciclo completo de su obra, al igual que se hace con otros tantos otros cineastas de prestigio. Se trataría, al tiempo que se le nombraba Socio de Honor, de mostrar, durante un mes, una retrospectiva lo más completa posible de su obra. Pero pronto surgirían las dificultades, los riesgos. Bardem sufría, por entonces, por causas que no es el momento de analizar, un triple cerco mediático, institucional y profesional. Obstáculos y presiones se sucedieron. Sin embargo, la colaboración con la Filmoteca hizo posible nuestro propósito, pero entre gestiones y trabajos transcurrió casi un año. En enero de 2002 el ciclo Bardem obtendría un extraordinario éxito de público.

Se identifica habitualmente la obra cinematográfica con la persona del director. Sin negar la evidencia, no puede olvidarse que una película es una obra colectiva y que actores y técnicos pueden jugar un papel definitivo en el resultado final. Consecuentemente, y como nuevo Socio de Honor, consideramos la posibilidad de conceder el nombramiento a un técnico, a un siempre cercano e influyente colaborador del director, a un montador. La elección era fácil. Pablo G. del Amo, quien siempre se identificaría con los cineastas más críticos, el montador de Carlos Saura, Fernando Fernán-Gómez o Víctor Erice.

Y llegaron otros Socios de Honor. Entre los guionistas, Carlos Blanco, otro histórico de nuestro cine, autor de guiones como Los ojos dejan huellas, Los peces rojos o Don Quijote cabalga de nuevo. Otro guionista, Pedro Beltrán, autor de El extraño viaje y Mambrú se fue a la guerra, muere imprevistamente, de la noche a la mañana, como parecía exigir su condición de bohemio, en una pensión madrileña. Estaba feliz, y consta fehacientemente que la vida no sería nunca generosa con él, por nuestra modesta distinción. Pero nuestro homenaje, aunque post mortem, se celebraría.

Pedro Joaquín del Rey, de acuerdo con las previsiones estatutarias, es el nuevo Presidente de la Asociación, y la labor continúa. Se aborda una nueva actividad. Se trata de presentar películas españolas de comprobado interés, debidas en general a cineastas muy personales, frecuentemente poco conocidos por el gran público, que no logran estrenarse en condiciones normales. Hasta el momento se han programado obras de Santiago San Miguel, Javier Maqua y Luis Mamerto López Tapia.

Otro gran hombre de cine, internacionalmente reconocido como especialista en cine mudo, olímpico y de animación, autor de un libro y una película sobre el pionero Segundo de Chomón y de un estudio sobre cine y deporte, Juan Gabriel Tharrats, fallece, siendo para nosotros muy sensible su pérdida por cuanto era miembro de la Junta Directiva de la Asociación. Durante el homenaje que le dedicamos, pudo verse, por primera vez en Madrid (la única copia existente se conserva en Barcelona) su película sobre el Viernes Santo en la Ciudad Condal.

La vida de la Asociación continúa con nuevas iniciativas, por ejemplo la muestra anual Sombras Recobradas. Son escasos en el mundo, apenas media docena, los certámenes dedicados a la recuperación del patrimonio cinematográfico como Sombras Recobradas, y desde luego menos en España, en donde existen casi doscientos festivales y festivalillos varios, en general planteados y programados sin ningún rigor, pero generosamente subvencionados por todo tipo de instituciones públicas. Nuestra pretensión con Sombras Recobradas no encuentra fácil acomodo, no hay lugar para las estrellas, y resulta poco rentable para medios de comunicación y políticos ávidos de hacerse la foto. Rompiendo el cerco de la incomprensión, Sombras Recobradas, sugerente título para el certamen, ha cumplido ya su cuarto año de existencia, y este año alcanza su quinta edición, con sesiones que se reparten entre la Filmoteca Española y el Círculo de Bellas Artes. Resultaría imposible, por lo rico del panorama, reseñar ahora todas las extraordinarias películas que se han exhibido, todas ellas en versiones recientemente restauradas. Obras maestras del cine danés, germano, luso e incluso austro-húngaro, entre otras cinematografías. Como hitos, ejemplares puntos de referencia, citemos sólo dos: Maria do Mar (1930), de Leitão de Barros, deslumbrante descubrimiento del cine portugués clásico, y El expreso azul / El expreso de China, de Ilya Tráuberg (1929), obra fundamental del cine soviético en su época de esplendor. Por el momento, aquí nos detenemos hasta que llegue la ocasión de abordar una primera aproximación histórica a Sombras Recobradas.

Suma y sigue. La Asociación de Amigos de la Filmoteca Española no cejará en su empeño por, en definitiva, luchar por el cine, el buen cine, hoy tan trivializado en la maraña del audiovisual, y por defender el patrimonio cinematográfico, muy especialmente el nuestro, rechazando oropeles y distinguiendo siempre entre el grano y la paja. Corriendo riesgos y tirando para adelante.

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