Por El josito Audaz --¿Oyó usted?
--No, aún no he oído nada. ¿Ha dicho algo?
--Nada que valga la pena oírse.
--Tal vez por eso no oí nada.
--Por eso no he dicho nada.
(Una noche en la ópera)

¿Y LA IMAGINACIÓN? Perdida, es difícil encontrarla porque ésta es un don que se está difuminando. Ya la ilusión no centellea por los ojos al contemplar los carteles de las películas. Esa primera llamada que te hacía fantasear, llevándote a crear escenas hoy queda resuelta (despachada) con fotografías plúmbeas, cansinas y sosainas frente al colorido del dibujo. Los ejemplos serían para llenar un libro, mas me quedaré con un mínimo apunte. Ahí está Blitz en plano americano del protagonista, el cual ocupa toda la altura del cartel y la mitad de su anchura, y cuya mano sostiene un arma de fuego, dejando el margen derecho para los créditos, se añade a la mitad del affiche panorámica de ciudad con destellos rojos y amarillos, ¿qué me cuentas?, pues han de añadir una frase: “Policía asesino contra asesino de policías.” Quizá uno de los problemas radique en los imperativos de incrustar los créditos. El caso de Amigos… es de mueca donde tres rostros convulsionan con seis manos y una frase para justificar el hecho. Mucho del cartelismo español abusa del primer plano. De pecado mortal son los carteles que directamente te muestran la escena final, véase El amor de Tony o Cirkus Columbia , esto ya es peripatético. En los meses veraniegos Hilary Swank estrenó dos películas, y viendo los dos carteles juntos me dije si borro el título de La víctima perfecta y le suplo por el de Betty Anne Waters nadie se daría cuenta del intercambio pues su semejanza compositiva es tal que aburre. Y si entro en el mundo de spider, super o bat (todos man) me encuentro con sus recortables y un mundo en explosión a sus espaldas. El único cartel que en estos meses me depara imaginación es el de Midnight in Paris, esos dos mundos que te abren puertas a la elucubración. ¡Ay! ¿Por qué se ha perdido el arte de Mac, Jano, Montalbán, Zulueta…? Queda esa nostalgia que puede visitar en cartelespeliculas.com, ricardotecela.blogspot.com o weirdposters.blogsport.com. Termino con una comparativa donde Almodóvar es protagonista: Véase el cartel de Entre tinieblas, véase el cartel de La piel que habito.  

--Hazme caso, no te hagas preguntas o acabarás mal.
(Los pistoleros de Casa Grande)  

TODO NO ES TODO ,hasta ahí podíamos llegar, pues nos ha merengao, porque el todo es tan inabarcable que resulta ignominioso apropiárselo, así el canal televisivo español La Sexta 3, subtitulado Todo Cine, es un lago en el océano, quizá sería más apropiado subtitularlo “todo el rato cine”, como dice Loles León “y mucho, mucho, mucho cine”, porque vienen a ser siete películas diarias y espacios noticieros de cine. Un mínimo análisis a su programación cinematográfica vislumbra Todo cine USA, Todo cine anglófono, bueno una vez proyectaron La sirena del Mississippi, de Truffaut, claro que duró 95 minutos (¿sería un montaje para el mercado USA?), su pase por Filmoteca llegó a las dos horas si la memoria no me falla; también emitieron Mortadela, de Monicelli, y resulta metafórico al ser una extranjera a la que no permiten la entrada en USA; también cayó La historia interminable, de Petersen, con la desolación ante la muerte de la imaginación. La lectura dice nada de cine argentino, Todo cine USA; nada de cine ruso; nada de cine indio; nada de cine egipcio…, bueno, pero sí hay cine de Hong-Kong, claro que solo cine karateka (El furor del dragón, El chino, Furia oriental), y ahí estaba la joya de Tsui Hark Erase una vez en China, pero amigo, aquello era una trilogía que duraba unas seis horas y esta Tv se quedó en los primeros 120 minutos, y, por supuesto, nada de cine español (“que sigáis haciendo la misma programación que hasta ahora que es magnífica” dice Montxo Armendáriz). Este Todo cine incluye películas en blanco y negro coloreadas (Río Rojo, de Hawks) o la exclusión del subtitulado de las canciones en películas musicales USA (Las aventuras de Tom Sawyer, de Don Taylor), y para ver una película en versión original subtitulada has de tener una tv cuyos avances técnicos te puedan llevar a ello. Loable resulta el noticiero Todo cine programado a lo largo del día, cuya lectura ágil y alegre peca por su falta de hondura y un necesario reposo (ese saber medir los tiempos), claro que como los reportajes se repiten tanto y a lo largo de los meses parece que la imaginación se ha acabado y resulta desesperanzador, y es en este espacio donde ha cabida el cine español a través de entrevistas y comentarios a los estrenos, y ahí se puede ver a Enrique Urbizu contando su película favorita, ahí andaba Antonio de la Torre contando su escena favorita o Pedro Almodóvar narrando la primera película que había visto en un cine, pues Gloria Mairena, de Luis Lucia, con Juanita Reina. “Que sigáis igual” sentencia Enrique González Macho, mas con esta tendencia no programan ni una de las películas que distribuyes amigo Enrique y ni una película española. Queda dicho, Todo cine no es todo el cine. (julio 2011).

AÑORANZA, NOSTALGIA, RECUERDOS,memoria. Que si mal parado salí del visionado de Memorias de un cine de provincias bien me he resarcido con la lectura del libro Recuerdos de un cine de barrio, de José Angel Barrueco, da gusto caminar por sus líneas y sentir cómo los párrafos golpean el corazón para dar luz a imágenes ya desaparecidas: “En el patio de butacas el cliente pisaba un suelo de madera viejo y mugriento, al que ni siquiera las fregonas más vehementes conseguían restaurar su color original. Las butacas no eran un prodigio de la comodidad, pero por el precio barato de la entrada, el programa doble y la posibilidad de perder allí un día entero, nadie se quejaba.” Sí, aquí palpita la narración, aquí estás identificado, ese mundo lo has vivido, lo has sentido. Es todo un recorrido por el cine, desde su fachada a la taquilla, desde el patio de butacas al gallinero, desde el ambigú a la sala de proyección sin pasar por alto a los espectadores que acudían al visionado de esa sesión continua. Es un recorrido desde la niñez (del narrador, del Cine Pompeya) a la mayoría de edad (del narrador) hasta su fallecimiento (del Cine Pompeya). Un recorrido por las películas iniciáticas, las superproducciones, el cine de reestreno, las sesiones de Semana Santa hasta devenir en las karatekas y las “S”. Un recorrido desde la inocencia: “Fueron mis primeros viajes a Madrid para acompañar a mis abuelos en sus recorridos por diversas distribuidoras, donde contrataban películas y convenían fechas de estreno. En aquellas excursiones pude conocer la voracidad y la codicia que asumen los tiburones asentados tras las mesas de sus despachos de lujo, tipos con trajes caros y sobredosis de perfume, que discutían con mi abuelo los porcentajes de la recaudación. Sus ojillos depredadores me dejaban el ánimo turbado, sumiéndome en un estado de desvelo.” José Angel Barrueco me ha proporcionado espíritu, es toda una loa a la nostalgia y a la palpitante vida de una sala cinematográfica descrita con amor donde ficción y realidad se entremezclan de tal manera que la ficción se hace realidad.

¡QUE NO LO ENCUENTRO! ¿Dónde está? ¿Qué ha sido del cine social español? Porque veo cine español y no veo a España, te sitúas en mundos imaginarios y los pies no tocan el suelo. He decidido volver a repasar Atraco a las tres y ese inicio es de antología con la presentación de los personajes: Orjas en la cama espera insomne que el reloj llegue a las 07,00 horas para levantarse; Alexandre se viste y vemos su cuarto; Cassen baja las escaleras de su edificio cruzándose con una mudanza; Gracita sale del Metro y es arrollada por una multitud que entra; Agustín corre y corre al autobús, y López Vázquez despierta en el banco a las 08,00 horas porque las cuentas no salían al faltarle nueve céntimos de un saldo. De la casa a la calle y al trabajo, la grandeza de la simplicidad. Y vuelvo a ver la casa de ese verdugo con corriente a 125 voltios, su entrada por patio interior y esa cama a la que Emma Penella se deja llevar, o veo esa calle mayor en la que nunca pasa nada y esa pareja feliz, que vive realquilada, cena un bocata de Mortadela en el cine de barrio. Mas el cine español actual hacia dónde mira, extraviada tiene la mirada, mas mi mirada perdida se encuentra con Naufragio, de Pedro Aguilera, cuya luz independiente muestra realidad en la fábula de un robinsón que no es el único naufragado en esta sociedad donde se camina de la tierra plastificada que da sus frutos al fuego metálico industrial. La película pasó inadvertida, mas aquí dejo constancia. Y si hablo de cineastas que abren los ojos a esta península ibérica me encuentro con León de Aranoa y sus princesas que están los lunes al sol viendo a la familia de Amador, o Enrique Urbizu desde su conciencia de cine negro para el que la vida mancha en esa caja 507 donde no habrá paz para los malvados. Aquí me quedo, viendo cómo reparten el dinero en ese atraco a las tres: “Seis letras del televisor, seis pares de medias, un sonotone para la portera y un abriguito de entretiempo”, pide Gracita. ¡Qué atmósfera está perdiendo el cine español! Porque si no vemos lo que pasa a nuestro alrededor no nos extrañe que nuestro alrededor no vea cine español. Naturalmente el presidente de la Academia viene con los datos bajo el brazo anunciando que a 30 de junio se había visto más cine español que en los dos últimos años, no es de extrañar si apreciamos que este es un año de torrente. Ya pasada la era veraniega hay que decir que Woody Allen ha pasado del millón de espectadores, de Almodóvar también se espera que llegue a las siete cifras, y esperar el tirón de los goyas para que las cifras de espectadores sigan subiendo y se cumpla el deseo del director de la Academia y este año concite mayor número de espectadores que el anterior. Claro que dar un gran paso a la alegría sería llegar a las diez películas que pasasen del millón de espectadores. El deseo queda expuesto. ¡QUE ME LO EXPLIQUEN! ¿Por qué se insertan seis planos para ver salir a una persona de un coche? ¡Que son cinco segundos y son seis planos!: Lateral, oblicuo, cenital, americano, picado y general. La acción no la encuentro en la multiplicidad cúbica instantánea del montaje; la acción está en el acto. Si una persona sale de un coche y solo sale del coche para qué quiero seis planos, lo único que consigue es cansarme la vista, que mi cerebro se agote en la nimiedad y el corazón denote aburrimiento. Hay muchas veces que ya solo pido reposo y encuadre (composición), y también hay muchas veces que solo pido que se acabe ya la película porque estoy harto. Ejemplo de mil planos lo encuentro en Burlesque, una película de altisonancia artística para lucimiento de C. Aguilera y Cher, y con una mirada a Bob Fosse que maldita sea la hora, ya que si se planifica una coreografía por qué el director (Steven Antin) no me deja verla por su funesto montaje. Sitúate por un momento en Melodías de Broadway 1955, concretamente en el paseo de Cyd y Astaire, ¡qué delicadeza!, ¿verdad?, pues ahora apliquemos la teoría de 50 planos en un minuto y la escena se convierte en un cóctel molotov que sangra los ojos, con lo sencillo (o no tanto) que es el plano general y que Cyd y Astaire estén encuadrados para que la cámara baile con ellos, para que el espectador se una al baile y no se encuentre dando saltos en el tambor de una lavadora en marcha. Similar teoría puede aplicarse a la pelea final de Colombiana, donde Olivier Megaton más que mostrarme una lucha lo que hace es darte una paliza de las que sales obnubilado y desorientado. Insisto en mi teoría: Acción son actos. Y Son of Babilón, de Mohamed Al Daradji, posee una acción tan escalofriante que la cámara no se hace protagonista para respetar el terrible combate de un país sin presente donde el pasado está al borde de la muerte y el futuro es una esperanza. Ejercicio interesante sería asistir a un programa de sesión continua donde proyectasen Colombiana y Son of Babyilon (dos películas donde la niñez se enfrenta a la muerte y la siembra de cadáveres es plato diario) y preguntarse cuál de las dos posee más acción.

¿DÓNDE ESTÁ EL FUTURO del cine? He aquí una de las preguntas que se lanzaron en la inauguración del Festival de Cine de San Sebastián 2011, profesionales de la industria dieron su contestación, mas mi mirada perdida se aventuró a decir “el futuro está en el pasado”. Fue lo primero que me vino a la cabeza, porque uno que es espectador, y no profesional, de cine recuerda que a los diez años iba al cine por tres razones: Cine cerca de casa (cine de barrio), película tolerada para todos los públicos y el título de la película. No había ni actores ni directores. Empezaron a llegar Terence Hill y Bud Spencer, Jackie Chan, Gorgo y Burt Lancaster con El halcón y la flecha y Trapecio. El cerebro iba comprendiendo que en este mundo de las películas existía una historia del cine y una cultura de cine, las películas venían a dialogar entre sí, llegaron años de cinestudio, programas dobles de Fellini, Ridley Scott, Tati y si había estreno de películas de alguno de ellos poseías una base de criterio para decidir si asistir o no al cine de estreno. Había completado la Educación General Básica cinematográfica. Llegó el VHS, llegaron las cadenas televisivas privadas, desapareció el cine de barrio, las calles se llenaban de videoclubs, desapareció el cinestudio, desaparecieron cines y ya solo quedaron cines de estreno, películas de estreno. La educación cinematográfica en el cine se acabó. El cine pasó a ser televisión y en nada será el móvil la pantalla cinematográfica (eso, ver Lawrence de Arabia en móvil, he aquí el cine pornográfico). Llegó Internet y los piratas, desapareció el cine de la Gran Vía y llegó Broadway. Crisis. Pues el 3D. Y los niños amamantándose con Jim Carrey, Eddie Murphy…, menos mal que hay algún Up o Mi vecino Totoro. Creo que hoy en día nos hemos cargado la educación cinematográfica. “Anda, niño, bájate una película de Berlanga de la red.” “¿Y quién es ese?” dirán algunos, no que ha muerto recientemente y se ha hablado mucho de él, pues “anda, niño, bájate una película de Juan Antonio Bardem”. “Será Javier Bardem, ¿no?”, pues eso. Propongo otro ejemplo, este año se estrenó el último Harry Potter, que desde el primero han pasado diez años, así que cuántos espectadores que acudieron a ver esta película al cine han visto la saga completa en cine, pues gran número la ha visto en DVD (digital), adiós el celuloide, no interesa el reestreno, pues a digitalizar el cine. Un momento, el otro día fui a ver al cine Urte berri on, amona!, la proyección era en blu-ray, a falta de diez minutos para terminar la película la imagen se quedó fija, lo apagaron, como que lo arreglaron, siguió un minuto y volvió la imagen a quedarse fija, no hubo solución, no tenía arreglo. El celuloide no te juega estas malas pasadas, el celuloide tiene tratamiento, y bien se ha visto este 2011 en el ciclo Recuerdo de Luis G. Berlanga ofrecido en Filmoteca Española, un proceso de restauración de negativos y duplicados y un tiraje de nuevas copias. En definitiva, al no haber educación cinematográfica cómo queremos que se apruebe el curso. Claro que la profesión cinematográfica habla de industria, mercado y consumo; mientras que uno se decanta por la orfebrería, el arte y la degustación. Estamos en tiempo de crisis, ¿son tiempos de cine en sesión continua?