MEÑIQUE
Con la grandeza de la pequeñez se ha de contemplar El otro, de Ariel Rotter. Búsqueda interna. Ya el primer plano de la película se encamina hacia la buena vista (hay muchos miopes inconfesos). El espectador ha de trabajar e implicarse porque las pistas son sutiles. Estamos ante un viaje de destino desconocido. Georges Simenon bien lo quisiera para sí. Carrera de fondo resulta Amateurs, de Gabriel Velázquez: necesidad de sentimientos para seres inocentes, soledades encontradas, personajes de carne y hueso. He aquí una película que no se desvanece como fuegos artificiales porque aporta un ejercicio gratificante. La inteligencia se complace ante el visionado de este programa doble...

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La comedia conlleva una reacción sobre la comisura de los labios; llegar a la vuelta de tuerca del maestro Monicelli hoy en día ¿es una utopía? Viendo Que parezca un accidente, de Gerardo Herrero, es un infinito multiplicado por dos. La gracia es no verla. Hay que escarbar, y mucho, para encontrar un aliento en Yaiza Guimaré (a seguir) y algún metro de celuloide enmarcados en los ojos de José Luis García Pérez. Acabemos: intento de vislumbrar un mundo almodovariano (quizá esté equivocado) que se cae cual andamiaje, porque ni siquiera llega a castillo de naipes, al primer soplido donde Carmen Maura se precipita al abismo.

CORAZÓN
La noticia ha saltado (con tirabuzón incluido): el francotirador Jesús Franco recibirá, el próximo 1 de febrero, el Goya de Honor en la gala de los XXIII Premios de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas. ¿Sorpresa? ¿Hasta dónde hemos llegado? ¿El cine español ha perdido su rumbo? No seamos pusilánimes, debe reconocerse que Una rajita para dos desnudos está mejor realizada que algunas producciones del 2008, que Los años desnudos (clasificada S) buscan escuela ante La noche de los sexos abiertos, es decir, que Dunia Ayaso y Félix Sabroso han de repetir curso. Bien por Fu-Manchú, el Doctor Orloff, Drácula y Frankenstein. Oficio, oficio y oficio de este extraño viaje a Bangkok, ataúd incluido, cuando la muerte (miss) silba un blues. La celebración sería completa con el estreno de La cripta de las mujeres malditas (2008). Y Jess Frank dale que te pego. ¡Aúpa Clifford Brown!

ÍNDICE
La propuesta de Helena Taberna es recobrar sombras a través de su película La buena nueva. Ambientada en el período de la Guerra Civil y construida por hechos reales e inspirada en el libro No me avergoncé del Evangelio, recoge la mirada de un sacerdote --no sé por qué Unax Ugalde me resulta insulso-- que no sucumbe ante la Santa Cruzada y se postula por la moralidad de las Santas Escrituras: discurso para las personas de buena fe. La directora intenta buscar la luz en un mundo sombrío donde la muerte es lo que se deja de vivir (frente a la oscuridad, la primavera). Correctita, sin más. He aquí un no saber acabar la película, ¿verdad que sobra la última escena?

PULGAR
Rebusco en mi memoria la memoria que el cine español ha reflejado sobre la universidad franquista. Mis cuentas resultan paupérrimas. Siempre Bardem con Muerte de un ciclista (1955), Colomo con Los años bárbaros (1998), giro de manivela conlleva Margarita se llama mi amor (1961), de Ramón Fernández, y más sui géneris, enlazando con el mayo del 68, se contempla El mar y el tiempo (1989), de Fernán-Gómez. He aquí que La vida en rojo (2007), de Andrés Linares (estrenada a finales de 2008), resulta un acercamiento al miedo de mediados los años sesenta: el profesor gris y temeroso, el estudiante panfletero y héroe de minucias, y un policía al servicio del poder que se acomoda tanto en dictadura como en democracia. Acontece aquí haber sido negado su estreno por propietarios de cine cuya ideología es contraria a estos 35 milímetros rojos, porque El vano ayer (novela de Isaac Rosa que inspira la película) engendra un mañana vacío. Me propongo dos lecturas: El país del miedo de Isaac Rosa, y El miedo a la libertad, de Erich Fromm. Hoy se contempla la destrucción de la cárcel de Carabanchel (ni cúpula se tendrá en pie), Todos a la cárcel diría Berlanga. El rojo se disuelve cual azucarillo.

LA MANO
La ternura se acabó con la llegada de La ola, de Dennis Gansel. Película que compromete al espectador para buscar en su intenrior connotaciones (filosóficas) sobre el dictado de las ideas. En ningún caso intento insuflar mi uniformidad porque no hay clase magistral en este escrito. Propongo el debate (hecho que la película conlleva) porque para nada te deja indiferente. ¿Podemos llegar hasta la cima de la montaña y no saber bajar de ella? ¿Estamos vacunados para el viaje? La persona (no público) ha de mirarse frente al espejo: el análisis está servido. La última entrada a la sala cinematográfica se encamina hacia el clasicismo del western que nos encontramos en la película Appaloosa, de Ed Harris. Ford, Walsh, Hawks y Eastwood pueden sentirse orgullosos de esta historia de amistad y lealtad llena de comprensibles silencios, donde el orden debe restablecerse frente al ranchero cuyo lenguaje son las pistolas. Invertir euros en estas verdes praderas hará (espero) que el paladar deguste séptimo arte.

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