
Por José María Ruiz
La gran fiesta era ir al cine, repasar la cartelera y elegir el programa doble de sesión continua autorizada para todos los públicos y pegar algún chillido cuando las copias tenían cortes porque llevaban más de cuatro años pululando de sala en sala. Hoy me apena que las películas solo vivan de estreno porque han desaparecido el cine de reestreno, el cine de barrio y el cinestudio, por lo que, escribiendo pronto y mal, estamos ante un cine de usar y tirar.
Bien apunta Filmoteca Española al erigirse en cine de reestreno todos los veranos con su ciclo “Si aún no la ha visto… (o quiere volver a verla)”, sí, creo que habría un espacio en la cartelera madrileña para esta propuesta, ¿te imaginas programas dobles a cinco euros? Bueno, todo llegará, la cosa es pensarlo porque el sábado 10 de septiembre la sala 1 de Filmoteca se llenó para ver El lector (película de hace tres años) y si contamos con un programador (Fernando Trueba ejercía de tal en el Cinestudio Griffith) apasionado por el cine el evento podría despegar.
De momento hemos de conformarnos con la loable iniciativa llevada a cabo por el Cine Verdi de programar cine clásico en verano, de Chaplin a Coppola, de Leone a Bergman, de Lubitsch a Polanski. No estaría nada mal que se prolongase a lo largo del año. De momento este Cine Verdi abre una nueva puerta a la fiesta del cine: Verdi Kids. Un espacio (sesiones a primera hora de la tarde y matinales los sábados y domingos) de cine familiar europeo con carácter y objetivo didáctico y pedagógico, un cine especialmente recomendado para la infancia. Aquí se une colateralmente el ciclo de Filmoteca “Cine para todos”. Educar a los niños en la cultura cinematográfica es un hecho que debería llevarse a cabo desde la escuela primaria, que un niño de diez años no haya visto una película de Chaplin es algo imperdonable. Aquí cabe hacer un inciso para decir que uno de los puntos clave de la nueva presidencia de la Academia (González Macho a la cabeza) es la educación, enseñar a los niños y jóvenes el cine que se hacía en el pasado, y así que el cine sea un instrumento de enseñanza divertido sobre nuestro país, un programa pedagógico sobre el cine español.
Hoy una de las grandes fiestas del cine es acudir a los festivales de cine, y del 8 al 11 de septiembre acaeció la primera edición del Almería Western Film Festival, Tabernas vuelve a erigirse en capital del western, y fueron 15 largometrajes a concurso (cosecha 2010-2011), la mayoría de procedencia USA, mas la ganadora del premio del público (The warrior´s way, de Sngmo Le) era una producción de Nueva Zelanda, aquí las artes marciales conviven en el Oeste, y el premio del jurado recayó en Aballay, el hombre sin miedo, de Fernando Spiner, producción de Argentina. Los zombis también pulularon por el western con The dead and the damned, de René Pérez, o los vampiros con Dead west, de Douglas Myers. La producción española también recayó en este festival con Blackthorn, sin destino, de Mateo Gil, donde se prolonga el mito de Butch Cassidy. Hubo lugar a la añoranza con la proyección de siete spaghetti-western como ¡Agáchate, maldito!, , de Leone, o Reza al muerto y mata al vivo, de Giuseppe Vari, así como el acto sentimental donde tres jinetes esparcieron las cenizas del actor Aldo Sambrell por los decorados de Fort Bravo, aquí hago un inciso para recordar que Filmoteca Española no recordó a Aldo en su ciclo (de inicios de año) “Recuerdo de…”.
Con algarabía se llevó a cabo el Festival de Cine de Venecia y su pléyade de estrellas por los canales y con gran regocijo por la alta calidad de las cintas y un viva al cine que se rindió a la propuesta USA, mas los premios (cosa del jurado) no recaló por aquellas latitudes y se trocó con el estupendo (desconocido para el gran público) Alexander Sokurov para el que fue el león de oró a la mejor película con Fausto; el León de Plata al mejor director fue para tierras asiáticas con la película Ren-shan-ren hai, de Shangjun Cai, y el premio especial del jurado quedó en Italia con Terraferma, de Emanuele Crialese. La Osella al mejor guión derivó a territorio heleno por Alpis (Alpes), de Yorgos Lanthimos, quien firmó el guión junto a Efthimis Filippou. Y al final uno se dice, de todas las películas presentadas a este festival cuántas llegarán a la cartelera española.
Sí, es lo que tiene los festivales: plataforma de mercado. Y si la venta se lleva a cabo el celuloide acabará por estos lares. Si no hay compra ese cine se hará invisible. A este asfalto madrileño llega la segunda edición del Festival 4+1, un festival que viene a mostrar películas que han participado en distintos certámenes cinematográficos, pero que no han tenido posibilidad de estrenarse en sala. Así del 26 al 30 de octubre se pudieron visionar Chantrapas, de Otar Iosseliani; Tilva Ros, de Nikola Lezaic, o Color perro que huye, de Andrés Duque. Hasta los productores, distribuidores y exhibidores abogan por la fiesta del cine y a ella se lanzan la última semana de septiembre (26, 27 y 28) poniendo el precio de la butaca a dos euros (eso sí, tienes que presentar en taquilla una entrada adquirida la semana anterior). Naturalmente la gente se desmelena y acude en raudal, las colas se multiplican, hay ganas de ver cine. ¡Que viva el cine a dos euros! (¿Te acuerdas de las colas que se formaba ha años en Filmoteca cuando programan el ciclo “Premios Goya”? ¿Este año 2011 los premios Goya conllevarán colas a la taquilla de Filmoteca? Será cosa de observar.) Aquí vuelvo a mi propuesta iniciática: Sesión continua a cinco euros.
El recuerdo, sí, el recuerdo me lleva a los hacedores de la magia (la fiesta) del cine que nos dijeron adiós recientemente, así la cinematografía española despidió a Juan Piquer Simón, del que vimos un par de películas suyas en el ciclo “Cine Fantástico Español”, del que siempre recordaré Viaje al centro de la Tierra, vista en sesión doble de cine de barrio y sin duda la tengo más cariño que la versión de Henry Levin, cosas de uno. Las chicas de la Cruz Roja y la chica ye-yé dieron el último adiós a Augusto Algueró, su música ligera y refrescante ha dejado huella en la cinematografía española. Y del cine popular, del cine que todos hemos visto aunque lo neguemos, nos dejó Juanito Navarro, un hombre que se enfadaba como ninguno, según testimonio de Mariano Ozores. También Florinda Chico hizo mutis, la gran escuela del secundario español ha perdido a todo un emblema. Y en el día que aquí escribo llega desde las ondas radiofónicas la noticia de la muerte de Jordi Dauder, quien afirmaba que actuar era mentir. Nos gusta la mentira del cine. No, no acabemos así, que la fiesta continúe, que se sigan haciendo películas, que gocemos con su visionado, que el séptimo arte y que el celuloide corra por nuestras venas. Ahí queda el Festival de Cine de San Sebastián o Sitges, ahí quedan cinematografías que apenas tienen salida en salas comerciales por lo que acudir al Festival de Cine Polaco que se celebró en octubre en el Círculo de Bellas Artes es una fiesta. ¡Que viva el cine!
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