Por José María Ruiz

Los pasos se encaminan al cine Doré, voy a contemplar una película que ya he visto siete veces, mas qué importa. Sobre el Pasaje Doré la cola es considerable, los encuentros no se hacen esperar y la conversación fluye: "Nunca la he visto en versión original", "cuando la vi la proyección estaba cortada por los laterales, ¡vaya cinemascope!", "era una copia llena de ralladuras y saltos en los diálogos", "sólo la he visto en televisión". Era emotivo admirar la ilusión que conllevaba el pase de Siete novias para siete hermanos, y tamaña expectativa no fue defraudada: Una copia de una calidad magnética y una brillantez en el color que abría las pupilas en un inabarcable cinemascope. El júbilo al término de la proyección fue unánime.

Si la alegría se desata ante el visionado de una copia nueva de una película de hace cincuenta y seis años, cuál no será el entusiasmo que brote ante la cristalización sobre la pantalla del renacer de una película del período silente. Ha poco llegó la noticia que una persona adquirió en subasta un lote de películas enlatadas, y al proyectarlas descubrió un Chaplin inicial y desconocido, aconteció un pequeño milagro.

La casualidad también es un elemento con el que se ha de contar, mas el trabajo de conservación y restauración el pilar para la subsistencia del celuloide fílmico. Labor cuya recompensa final será la proyección. La muestra de este trabajo es la oportunidad que brinda Sombras Recobradas, una mirada centrada en el período silente del arte cinematográfico, si bien en la edición de 2006, como hecho excepcional, clausuró Andalusische Nächte donde Imperio Argentina vocalizaba un alemán muy andaluz (todo un regalo para el espectador).

No es baladí hablar de muestra y festival a la hora de referirme a lo que supone una nueva edición de Sombras Recobradas, porque para el espectador es una festividad asistir al cine donde se muestra la resurrección a través de la restauración "que es un juego contra la muerte" (en palabras de Luciano Berriatúa) del documento fílmico, la herencia cultural audiovisual que es tesoro patrimonial del arte: Sombras Recobradas conlleva asistir al milagro primigenio del cine.

En marzo de 1996 asistí (con motivo del centenario del cine español) a unas charlas, y allí se afirmó que "la historia de la filmoteca nace al grito de alarma del nacimiento del sonoro ante la inminente destrucción de todo el cine mudo, ya que al no haber explotación se destruye". El cine es el único arte que los mismos que lo hacían lo destruían su vez, de ahí que muchas películas del período silente

hayan desaparecido; los propios estudios destruían las copias porque el público no quería ver cine mudo (sobran las palabras). El historial clínico del cine español conlleva que del período anterior a 1920 sólo se conserva el 10%; entre esa fecha y la Guerra Civil, del 25 al 30%; del cine de la Guerra, un 60%, y del cine realizado hasta 1954, cerca del 85%. Añádase la fatídica fecha de 1950 donde un incendio arrasó los laboratorios de Madrid Film. El día 28 de septiembre se presenta en Filmoteca el libro "Cine mudo español (1896-1920)", de José Antonio Bello Cuevas: adentrarse en la prehistoria dará luz a generaciones, un trabajo necesario, un trabajo que para nada es punto final.

Alcanzar la VII Muestra de Recuperación de Películas de la AAFE es el logro de un trabajo desde la modestia, sin oropeles ni faustos que desvíen la mirada, ni al albur de la moda (Miradas Madrid, Festival Internacional de Cine y Mujeres). Es el camino que apasiona transitar para encontrar la imagen primitiva.

Mi mirada perdida desea acunarse al amparo de la penumbra, entrar en el silencio del silencio y descubrir la raíz del cine porque es la vida misma en que floreció.



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