sombras_recobradas
por Jaime Matamoros

Dos avances tecnológicos

El teléfono llegó medio siglo antes que el cinematógrafo. El italiano Antonio Meucci, emigrado en Estados Unidos, alrededor de 1854, fue el primero en instalar algo semejante a un teléfono (electrófono), conectado entre su estudio y el piso de arriba donde vivía su mujer, que no podía levantarse de la cama al sufrir reumatismo. La voz fue anterior a la imagen en poder captarse y reproducirse mecánicamente. Sin embargo, este avance técnico no fue patentado hasta veinte años después (1876) por otro norteamericano, Alexander Graham Bell.

Por su parte, los hermanos Auguste y Louise Lumière aún habrían de tardar unos años, hasta el 13 de febrero de 1894, en presentar su grabador y reproductor de imágenes en movimiento ante distintas sociedades científicas, como la Société d'Encouragement à l'Industrie Nacional, en la que proyectaron la famosa pieza inaugural Salida de los obreros de la fábrica en Lyon.

Durante el siglo XX el cine fue evolucionando. El traumático paso de las películas mudas al cine sonoro. La aparición de nuevas fórmulas, como el triunfo del Cinemascope o la película en color sobre el blanco y negro, unos formatos que sustituían a otros, según la ley del progreso tecnológico, a veces caprichosa.

Ya en nuestra época, la comercialización en la mayoría de los hogares de los reproductores VHS o DVD, la invasión de las cámaras digitales, que añaden la grabación, están cambiando gradualmente la manera de consumir cine. Lo que, junto a los cada vez mejores programas gratuitos de software libre, que permiten montar vídeos, convierte a medio planeta en potenciales autores de minipelículas, ya sean ficciones con su guión, actores y efectos especiales o documentales que parten de hechos reales y personas de carne y hueso.

En la telefonía, la evolución desde los viejos aparatos de baquelita que funcionaban con manivela, conectados a una centralita ordenada por un humano, a los terminales familiares o los inalámbricos con batería, o los teléfonos TRAC en las zonas rurales, ha acompañado las andanzas de un par de generaciones que ya no se imaginan la vida sin estos enlaces móviles.

En las conexión fijas, la irrupción de las líneas rdsi, que ofrecían datos de voz y conexión a la red, a comienzos de los 90; y posteriormente, la aparición de las conexiones adsl que transportan la voz por IP (Internet Protocol), que comercializan empresas como Skype. La cartografía de las redes ha ido mejorando las conexiones, pagando a veces un coste elevado por la conexión física, pero acercando el disfrute de sus contenidos casi a la gratuidad gracias a la generosidad de agentes catalizadores en red.

Teléfono y cine han modificado la vida de millones de personas, pero también, últimamente, han inventado formas de representarse ante los demás, consumiendo historias en imágenes o vídeo sin acudir a una sala de proyección. Autores y consumidores nunca estuvieron más cerca que hoy.

Así, florecen festivales comerciales donde se anima a los cibernautas a crear sus productos y enviarlos a un concurso con la posibilidad de hacer visibles sus obras a una comunidad de implicados que ven y votan y producen a cambio de un premio. Dos ejemplos de este tipo de portales son el independiente www.movilfilmfest.com o www.notodofilmfest.com, que produce La Fábrica.

Un monólogo y un poema

La voz humana, el monólogo que Jean Cocteau estrena en 1930. Una pieza sencilla y oscura a la vez: una mujer y un teléfono. Ella espera una llamada, la de su amante, que le ha sido infiel con otra mujer y hace que todo se tambaleé. El acierto estético consiste en incorporar un nuevo personaje dramático: el teléfono.

Jean Cocteau se había dado a conocer como poeta con diecinueve años con el volumen La lámpara de Aladino. En un viaje a Zurich trama relación con los círculos dadaístas, su puerta de entrada en la vanguardia europea. Habitual de la bohemia de Montparnasse, donde conoce, entre otros, a Pablo Picasso, con el que mantiene una relación de amor y celos de autor duradera. Picasso, tan amante de las frases lapidarias, dirá “Jean es sólo una cola de mi cometa”. Monta el ballet Parade (1917) para Diaghilev, con dibujos para los decorados de Picasso y música de Eric Satie.

En los años 20, sufre dos reveses: las desavenencias con el grupo surrealista y la muerte de su protegido, Raymond Radriguet, le conducen a una crisis personal. La depresión le deja la adicción al opio, de la que saldrá al final de la década para contarlo en un informe. Y la vuelta de su atención a las formas clásicas, que ensaya en dos adaptaciones de Sófocles: Antígona y Edipo Rey. Ya en 1926, había recogido este cambio en su estética en la reunión de ensayos La llamada al orden (L’appel à l’ordre). Es la época en que realiza su primer filme: Le sang d’un poète (1930).

Cuando Jean Cocteau escribe La voz humana lleva un notable bagaje de aventuras estéticas. Eran los años de la efervescencia de las vanguardias, un poeta español, Pedro Salinas, que había poetizado al cine que ponía en movimiento sombras, las bujías que dan luz artificial como “castillos de cristal” compitiendo con las estrellas, “guiñadoras espías", los radiadores, la moderna lumbre con su “calor sigiloso”, le dedica un poema a El teléfono en Fábula y signo (1931). Su intuición es gemela a la de la obra teatral de Jean Cocteau.

Comienza así: “Estabas muy cerca. Sólo / nos separaban diez ríos, / tres idiomas, dos fronteras: / cuatro días de ti a mí. / Pero tú te me acercabas / -cinco azules del aire- / con el tonelete blanco, / en la mano el balancín, / sonriente en el alambre. / Por el alambre, en la noche, / sin ver nada, te acercabas, / a oscuras, derecha, a mí. / Me decías: “Aquí estoy. / Aquí.” Me llegabas, / en alambre, por tu voz. / El mundo era aquí, tu voz. / ¡Qué ojos sin color, qué boca / sin trazo, qué carne ausente / de lo blanco, de lo rosa, / qué tú deshecha en tu voz (...)”.

Tres adaptaciones

Vamos a recordar tres adaptaciones al cine del texto de Cocteau. Una es la versión fiel y precaria de Roberto Rossellini en El amor (1948). La película está dividida en dos partes: el monólogo Una voce umana (Una voz humana), en un sobrio ejercicio de estilo filmado sin salir del dormitorio; seguido de Il miracolo (El milagro), un cuento de Valle-Inclán, Adega, adaptado por Federico Fellini, que hace de pastor, el que deja embarazada a la protagonista, Nanni, quien cree que es la aparición de San José. Y la versión, infiel, que filmó Pedro Almodóvar sobre los fantasmas interiores de Carmen Maura en Mujeres al borde de un ataque de nervios (1988), y previamente, en una escena de La ley del deseo (1986).

En la recreación de Roberto Rossellini elije el rostro de Anna Magnani. Ya había trabajado con ella en Roma, ciudad abierta. Cabello negro, piel blanca y ojos oscuros, con energía pero aspecto frágil. Al comienzo del filme, nos encontramos a la mujer echada en la cama, despeinada y a medio vestir, con las sábanas arrugadas, agarrada al teléfono, preguntando en un tono ligeramente nervioso. Poco a poco, iremos sabiendo... De su infidelidad. Lo veremos a través de su rostro, en su gesto.

Cuando la cámara se aleje, la veremos sola, en un cuarto; el teléfono resulta su hilo dentro del laberinto. “A partir de este momento el interés se centra no en el diálogo, sino en el rostro y los gestos de la mujer; su dolor y su sufrimiento se muestran desde una perspectiva moral”, escribe el crítico cinematográfico José Luis Guarner en su monografía Roberto Rossellini (Fundamentos).

El teléfono. Un espejo de cuerpo. La cama deshecha. Los techos de la habitación. Un perro, regalo del amante y único ser vivo junto a la protagonista. Son los elementos que reconocemos en los cuarenta minutos de metraje. Grabado en planos largos, plano-secuencia. La cinta no parecer hacer ficción. Y es ése no hacer ficción la vuelve una historia universal... no el asunto privado y particular de una mujer abandonada... sino de cualquier ser humano que haya pasado por el trance.

La ley del deseo es un melodrama que a Pedro Almodóvar le abrió las puertas de los festivales internacionales. Por la temática homosexual que aborda el guión, no tuvo fácil financiación. Es la historia de una director de cine, Pablo (Eusebio Poncela), que duda entre un chico dulce y sensible que le quiere, aunque no lo bastante, y otro más inexperto y grosero que entra en su vida de improviso. Además, su hermano se ha convertido en mujer, Tina (Carmen Maura) y vuelve a su vida. Es Tina quien interpreta el monólogo de Cocteau, La voz humana.

Así lo explica Pedro Almodóvar en El cine de Pedro Almodóvar de Nuria Vidal (Destino): “(...) La voz humana forma parte del diálogo de la película. He robado esos diálogos y los he puesto ahí, formando parte del guión.

¡Sí, amor mío! Sí. Ya sé que no tengo que hacerme ilusiones. Pero hasta ahora, cuando hemos tenido un problema, pues lo hablábamos y con una simple mirada nos volvíamos a entender. Pero por teléfono no es lo mismo. Por teléfono cuando se ha acabado, se ha acabado. ¡Espera un poco! Yo, pero cómo voy a pensar que estás deseando colgar. Eso sería muy cruel y tú no eres cruel. Qué tonta soy. Te iba a decir hasta ahora mismo. Sí, es mucho mejor que seas tú quien cuelgue. Sí, sí, adiós, vida mía. Voy a tener mucho ánimo. Que sí, pero ahora date prisa y cuelga por favor, cuelga. Te quiero más que a mi vida.

(En el cartel de la película, de Ceesepé, Tina aparece con el teléfono arrimado al oído entre los tres personajes que marcan su historia.)

En su siguiente proyecto, en Mujeres al borde de un ataque de nervios, Almodóvar usa de un modo más fantástico el texto de Cocteau. Lo usa como una espoleta para dinamitar la historia. En realidad, Almodóvar quería rodar Tacones lejanos, pero como no tiene presupuesto, piensa en llevar a cabo un experimento. Así lo explica él en El cine de P...: “(...) Quería y sigo queriendo hacer, pero no será en esta película sino en el próximo trabajo, una cosa muy rebelde en cuanto a la producción. Algo realizado sin ninguna preparación, una especie de capricho, sin guión, casi un ejercicio o un experimento libre que si me salía bien, perfecto, y si no salía bien tampoco pasaba nada (...) Eso me llevó a un monólogo femenino en una situación única y límite resuelto a base de imaginación”.

El origen está en La voz humana. Pero el riesgo es mayor, por la inspiración inicial del proyecto al tratar de hacer un capricho cinematográfico, pero Mujeres al borde... se convertirá en una comedia clásica con un guión milimétrico y una producción cuidada. En todo caso, la idea de Almodóvar es colocar a esa mujer, que depende de una llamada de teléfono... e intentar probar a ver qué pasa, cómo se desenvuelve, hacia dónde gira una historia que parece empezar en su punto terminal. Y el reto del guión es fantasear con lo que hace esa mujer veinticuatro horas antes del golpe.

Es un ejercicio libre de interpretación, que remienda la historia, pero mantiene la huella: el teléfono, la espera y la soledad, los elementos con los que jugó Cocteau. Según Almodóvar: “(...) Creo que es realmente una versión de La voz humana, sin que se parezca y sin ser tributaria, porque no hay una sola frase de la obra. Sin embargo, estoy convencido que si Cocteau la hubiera podido ver o leer el guión, habría pensado que era absolutamente fiel a su idea de la obra y de la soledad de esta mujer abandonada”.


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